¡ESCÁNDALO EN EL CASO LOAN! LA POLICÍA MANTUVO OCULTA LA VERDAD DESDE EL PRIMER MINUTO Y ALTERÓ LAS ACTAS OFICIALES
La trama oculta detrás de la desaparición de Loan Peña: contradicciones, manipulación del libro de guardia y una cadena de mando bajo sospecha

En un escenario judicial marcado por la tensión y el rigor procesal, las declaraciones vertidas en el estrado han comenzado a desmoronar las versiones oficiales que rodearon las primeras horas de la búsqueda de Loan Peña, el niño de cinco años desaparecido el pasado 13 de junio de 2024.
Durante la audiencia, la declaración de un efectivo policial identificado como Cáceres expuso severas inconsistencias, presiones internas y maniobras deliberadas para alterar los registros de la comisaría bajo las órdenes directas del comisario Walter Adrián Maciel.
El testimonio de Cáceres puso de manifiesto un patrón de irregularidades que comenzó la misma tarde de la desaparición.
Ante el interrogatorio cruzado de las partes, la lectura del libro de guardia de la seccional reveló datos clave que no coincidían con los horarios reales de los acontecimientos ni con el despliegue del personal policial.
A preguntas del abogado Vallejos, el testigo ratificó que el comisario Walter Adrián Maciel le hizo cambiar deliberadamente los horarios registrados, específicamente la hora de salida de la comisión policial y el momento exacto en que se recibió la primera llamada de alerta.
Según consta en el libro de guardia, se anotó un movimiento a las 16:30 horas.
Sin embargo, Cáceres admitió que la salida real ocurrió pasadas las 16:50 horas.
El motivo de esta alteración, según las inferencias leídas de sus declaraciones previas del 6 de julio de 2024, habría sido encubrir el margen de tiempo en que se produjo la comunicación clave sobre la ausencia del menor y retrasar la búsqueda efectiva.
El relato del testigo evidenció el clima de coacción que se vivía dentro de la dependencia policial.
Al ser cuestionado sobre por qué acató las órdenes de alterar los registros oficiales sin objetar, Cáceres señaló la figura del comisario Walter Adrián Maciel.
Explicó que entre el personal subordinado existía un profundo temor a las sanciones disciplinarias.
“Hagan bien las cosas porque los voy a sancionar, cumplan con las directivas”, era la frase recurrente con la que Walter Adrián Maciel imponía su autoridad.
El oficial Torres, quien también se encontraba en la oficina en el momento de los hechos, estaba al tanto de estas modificaciones forzadas y compartía la perplejidad ante el accionar de su superior, aunque nadie se atrevió a desobedecer.
A esta cadena de irregularidades se sumó la insólita orden impartida por Walter Adrián Maciel a la patrulla en el momento más crítico.
Cuando el personal se encontraba cubriendo una procesión religiosa y recibió el aviso del sargento Mariano Duarte sobre la desaparición de Loan Peña en la casa de la abuela Catalina, el comisario ordenó explícitamente que la comitiva continuara con el evento religioso antes de acudir a iniciar la búsqueda del menor.
Fue solo después de la procesión, alrededor de las 16:40 o 16:45 horas, cuando el oficial Torres recogió al personal para dirigirse al campo, habiendo recibido previamente la instrucción de recolectar linternas, abrigos y camperas a pesar de que aún era de día.
La reconstrucción de los hechos leída durante la sesión también repasó las primeras versiones sobre lo ocurrido en el naranjal.
Según lo asentado en la dependencia a partir de lo transmitido por Walter Adrián Maciel, el niño se había dirigido a buscar naranjas en compañía de sus tíos y un grupo de adultos y menores.
Se mencionó la presencia de Antonio Benítez, Bernardino Antonio Ramírez y Mónica del Carmen Millapi, junto a varios niños, entre ellos dos sobrinos de la pareja Ramírez–Millapi.
Fue en ese trayecto donde Loan Peña supuestamente se separó del grupo y se perdió.
Sin embargo, las contradicciones se profundizaron al analizar los traslados de los sospechosos y testigos a la sede policial.
A través de la lectura de las fojas 364 del libro de guardia correspondiente a la noche del 13 de junio, se constató que a las 20:30 horas regresó el móvil C549.
El vehículo venía a cargo del director de la Unidad Regional 2 de Goya, comisario mayor Roque Nicolás Báez, y era conducido por el propio Walter Adrián Maciel.
En dicho traslado llevaron a la comisaría a Antonio Benítez para lo que fue calificado formalmente como una “entrevista”.
Las anotaciones realizadas por el sargento Fernández en los borradores de guardia revelaron un dato aún más perturbador: Antonio Benítez fue trasladado en más de una oportunidad entre el campo y la comisaría durante esa misma noche y la madrugada del 14 de junio por Walter Adrián Maciel y Roque Nicolás Báez, situaciones que generaron dudas sobre la verdadera naturaleza de esos procedimientos.
Durante la audiencia, la intervención de los abogados defensores y querellantes derivó en momentos de alta tensión dramática.
El abogado Hanson interrumpió la diligencia para advertir sobre el riesgo de autoincriminación del testigo Cáceres, señalando que en instancias anteriores la jueza interviniente lo había relevado del juramento de decir verdad e incluso le había hecho saber que podía acogerse a los beneficios de la ley del arrepentido.
Esta objeción provocó un cruce directo con el presidente del tribunal, quien le ordenó guardar silencio por no tener el uso de la palabra y mandó a dejar asentada en actas la actitud de Hanson por no acatar las directivas del estrado.
Por su parte, el abogado Ditela centró su interrogatorio en la logística del terreno y los tiempos de desplazamiento.
Al ser consultado sobre la distancia entre el naranjal y la casa de la abuela Catalina, el testigo Cáceres estimó que una persona adulta o un niño corriendo tardaría aproximadamente entre cuatro y cinco minutos en recorrer ese trayecto.
Asimismo, se repasaron los avistamientos en el campo durante las primeras horas de rastreo, confirmándose la presencia del vecino Moncho Robledo, a quien se vio a caballo cerca del tajamar, detrás de una escuela abandonada, manifestando que también buscaba al menor antes de retirar sus novillos.
Las actas leídas en el tribunal dejaron al descubierto que la versión inicial del accidente o la pérdida fortuita del menor fue perdiendo fuerza a medida que las inconsistencias del libro de guardia salieron a la luz.
Las llamadas entre el sargento Mariano Duarte, la guardia y los superiores; las ausencias no justificadas de personal que realizaba viajes hacia Goya autorizados por Walter Adrián Maciel; y la insistencia del comisario en coordinar cada registro horario, dibujan una estructura policial donde la manipulación de datos fue la constante desde los primeros minutos de la desaparición.
El testimonio de Cáceres concluyó dejando al descubierto que la información consignada en los libros oficiales no reflejaba la realidad de los hechos, sino un libreto impuesto por la jefatura policial de la comisaría, reabriendo graves interrogantes sobre la responsabilidad de los funcionarios a cargo de la custodia y búsqueda de Loan Peña.
Fuente: CODIGOS SECRETOS