REUNIÓN CON BURLANDO EN SECRETO Y MUCHO MIEDO. QUÉ CALLA EL LORO DOS?./ PARTE 3/CASO LOAN
La turbia maniobra policial para ocultar la detención de un sospechoso y las presiones en la investigación judicial

Las irregularidades en torno a la desaparición del pequeño menor conmocionaron nuevamente el tribunal durante una extensa jornada de testimonios, donde salieron a la luz encubrimientos, órdenes arbitrarias de jefes policiales y la existencia de actas fraguadas en la misma comisaría de Nueve de Julio.
El efectivo policial Cáceres prestó declaración en sede judicial y ratificó que el catorce de junio presenció de manera directa el momento en que Antonio Benítez ingresó esposado a la sede policial por orden de las autoridades, para luego ser alojado en una celda del recinto.
La presencia de Antonio Benítez en el calabozo provocó la inmediata reacción del comisario Maciel, quien recriminó duramente a los efectivos por haberlo encerrado y ordenó de forma tajante que lo sacaran de la celda para mantenerlo únicamente sentado en la zona del patio interno de la dependencia.
Esta maniobra para evitar un registro formal de detención se complementó con la omisión deliberada en los documentos oficiales, ya que en la exhibición del libro de guardia correspondiente a la madrugada del catorce de junio no se asentó el ingreso de Laudelina Peña, pese a que la mujer permaneció toda la noche en la unidad policial.
Durante su testimonio, Cáceres expuso además el régimen de intimidación que imponía el comisario Maciel sobre el personal subalterno, a quienes amenazaba con sanciones disciplinarias y calificaba públicamente de “brutos” si cometían algún error o si no ejecutaban sus directivas al pie de la letra.
El testigo reveló un episodio clave ocurrido durante las tareas de rastrillaje en el monte cercano al Naranjal, cuando cerca de las dos de la mañana del catorce de junio la búsqueda se vio interrumpida por una falsa alarma provocada por aplausos y vítores que anunciaban el supuesto hallazgo del niño.
Toda la comitiva de búsqueda se replegó hacia la casa de la abuela Catalina, donde el comisario mayor Báez, director de la Unidad Regional Dos y máxima autoridad al mando del operativo, confirmó por teléfono que la noticia era falsa y ordenó desarmar el despliegue en la zona.
Las graves inconsistencias operativas se profundizaron cuando el testigo Cáceres admitió que los registros del libro de guardia no se completaban en tiempo real, sino que se anotaban inicialmente en un borrador para luego ser volcados bajo el dictado directo de lo que las autoridades le ordenaban escribir.
En el marco de la investigación, el propio Cáceres fue trasladado cerca de la medianoche del cinco de julio en un vehículo particular por personal de la Policía Federal hacia la sede de Goya, donde dos efectivos procedieron a tomarle declaración formal.
El interrogatorio ante la fuerza federal fue interrumpido abruptamente por uno de los agentes luego de formular apenas cinco o seis preguntas, tras lo cual el testigo fue notificado de que debía presentarse de inmediato al día siguiente en el juzgado federal.
La desesperación por la situación procesal llevó a la familia de Cáceres a buscar asesoramiento en el hotel donde se alojaban miembros de la Fundación Dupuy, lugar en el que tomaron contacto con la abogada Cutaya para intentar conseguir un defensor particular.
La letrada Cutaya ofreció interceder ante la familia y sugirió nombres de profesionales, coordinando posteriormente un viaje en camioneta junto al testigo y su esposa hacia la ciudad de Goya para mantener un encuentro con el abogado Fernando Burlando.
La reunión secreta se concretó pasada la medianoche en un bar cercano a la plaza Mitre, donde el abogado Fernando Burlando y otros tres letrados escucharon el relato de Cáceres sobre las órdenes que le imponía el comisario Maciel respecto a los horarios que debía volcar en los partes.
Al cierre de la audiencia, las partes solicitaron la citación urgente de nuevos testigos mencionados en la declaración, mientras la justicia busca determinar el alcance de los falsos reportes y la red de encubrimiento montada desde las cúpulas policiales.
Fuente: CODIGOS SECRETOS