¡BOMBA EN EL JUICIO POR LOAN! Laudelina se quebró, lloró y hundió al comisario Maciel

Un silencio sepulcral quiebra la sala cuando el magistrado autoriza el desplazamiento de los acusados para blindar el testimonio de la mujer más buscada de la causa

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El tribunal de juicio dispone el retiro inmediato de todos los imputados del recinto tras el pedido expreso formulado por la acusada Laudelina Peña.

Antes del inicio de la declaración, el abogado Guillermo Hernández irrumpe en la audiencia para formalizar su designación como apoderado y codefensor de Walter Maciel, en conjunto con el letrado Richard Iván Vallejos.

El procesado Walter Maciel ratifica la designación ante la consulta directa del presidente del tribunal y el defensor queda en posesión del cargo.

La acusada Laudelina Peña toma asiento en el estrado y rechaza de forma tajante prestar su testimonio en presencia de los demás imputados.

El fiscal y la querella manifiestan no tener objeciones frente a la solicitud de la imputada, aunque señalan no comprender el motivo de la petición.

El abogado Vaqués interpone de inmediato un recurso de revocatoria contra la decisión del presidente de retirar a los procesados de la sala.

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El defensor Vaqués sostiene que expulsar a los imputados y permitir la permanencia de los padres de Loan vulnera el derecho de defensa en juicio y la igualdad de armas.

El tribunal rechaza la revocatoria planteada y confirma la salida de los procesados tanto de la sala presencial como de la transmisión por la plataforma Zoom.

La representación técnica ordena ubicar en una sala de espera virtual a los imputados que siguen la audiencia de forma remota.

El abogado Hanson solicita que al término del acto se informe a sus asistidos Ramírez y Millapi sobre todo lo actuado en su ausencia, medida que el tribunal confirma en cumplimiento de la normativa procesal.

Al iniciar el interrogatorio de identificación, la imputada confirma que su nombre completo es Laudelina Peña, que le dicen Chicha desde la infancia, que tiene 48 años y es soltera.

La acusada Laudelina Peña indica que nació en 9 de Julio el 8 de agosto de 1978, posee el documento 26.500.894 y concluyó los estudios primarios.

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Al ser consultada sobre sus ingresos, la imputada declara que no tiene sustento de vida y manifiesta: “estoy en la mano de Dios”.

La procesada Laudelina Peña aclara que antes de su detención se desempeñaba como ama de casa, percibía la asignación de sus hijos y dependía de las changas de su marido.

La imputada manifiesta que su madre se llama Catalina Peña y señala sobre su progenitor: “padre no tengo, padre solo Dios”.

La acusada Laudelina Peña confirma que no registra antecedentes penales antes de escuchar la prevención legal sobre su derecho constitucional a abstenerse de declarar.

La imputada decide hacer uso de la palabra y expresa: “pido perdón, pido disculpa por la mentira que en realidad no fue intención mía, fue del Dr. Codassi”.

La procesada Laudelina Peña asegura ante el estrado que no tuvo ninguna intervención en el supuesto accidente ni en el traslado del botín.

La acusada detalla que el día 13 llegó a la finca de su madre a las 8:15 de la mañana tras ser trasladada por su esposo hasta la tranquera.

La imputada Laudelina Peña relata que ayudó a limpiar la finca a Catalina Peña, tomaron mates y luego preparó el fuego para cocinar cerca de las 9:00 de la mañana.

Cerca de las 10:30 de la mañana llegaron sus dos hijas caminando junto a su hermano José, quien arribó a caballo con su hijo Loan.

A las 11:00 de la mañana llegó Camila con su hija, y pasadas las 11:30 arribó la señora Victoria con su marido Pérez.

Posteriormente ingresó Benítez con el hijo menor de la imputada, y pasadas las 12:20 llegaron Ramírez con su familia.

La acusada Laudelina Peña afirma que sirvió el almuerzo en dos mesas separadas para adultos y menores.

Al concluir la comida, Antonio Benítez invitó a los presentes a buscar naranjas en el monte y salieron cerca de las 2:00 de la tarde junto a Mónica, Ramírez, Camila y los niños, entre los que se encontraban Loan y Yamil.

La imputada Laudelina Peña asegura que le ató los cordones a Loan y a Yamil antes de caminar hacia el terreno.

La procesada afirma que avanzó solo hasta la tranquera intermedia y decidió regresar a la vivienda al recordar que su madre Catalina Peña se quedaba dormida con las visitas.

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En el trayecto de vuelta, Laudelina Peña bajó una naranja del monte y Camila bajó dos.

En la finca, Pérez manifestó sus intenciones de retirarse para mirar un partido de fútbol, mientras que Victoria Caillava solicitó mandarinas de la parte posterior de la propiedad.

La acusada Laudelina Peña acudió a la planta de mandarinas con un bolso de nylon para ayudar a la mujer.

Durante la cosecha, la imputada recibió una segunda llamada telefónica de Antonio Benítez, quien le preguntó si el niño Loan había regresado solo a la casa con su padre.

La procesada Laudelina Peña observó a Camila sentada en una mesa e indagó si el menor había llegado al lugar.

Tras recibir una respuesta negativa por parte de Camila, la acusada le gritó que el niño había emprendido el regreso en soledad.

La imputada Laudelina Peña caminó hacia la zona donde se encontraban su madre Catalina Peña, su hermano José y el matrimonio integrado por Pérez y Victoria Caillava, informándoles la desaparición del menor.

Su hermano José le respondió que el niño debía estar cerca de la propiedad.

La acusada caminó hacia la intersección de tres caminos, donde se encontró con Camila y con los demás niños que regresaban gritando el nombre de Loan.

La procesada Laudelina Peña ingresó al monte a lo largo del alambrado con su teléfono celular en la mano.

Al pasar por las inmediaciones del cementerio, la imputada observó que la camioneta de Pérez y Victoria Caillava continuaba estacionada en la finca.

En el sector opuesto del campo, la acusada se cruzó con Antonio Benítez, quien le indicó que se dirigía a la vivienda de un vecino a consultar por el paradero del menor.

La imputada Laudelina Peña recorrió el naranjal y los senderos del monte sin divisar al niño.

En la calle se encontró con la procesada Millapi y posteriormente con un vecino de apellido Robledo, quien circulaba a caballo.

En la escena aparecieron las dos hijas de la acusada y una mujer de apellido Chamorro, quien salió del monte con un perro desde la dirección de la casa del vecino.

El vecino Robledo avanzó hacia el fondo del campo para verificar la zona, mientras la acusada recorría el margen del alambrado en dirección a la escuela local.

A 100 metros del establecimiento educativo, la procesada Laudelina Peña divisó a su cuñada con su sobrino en motocicleta.

La imputada le realizó señas negativas a su cuñada para confirmarle que no habían localizado al menor.

La acusada Laudelina Peña revisó las dependencias de la escuela y los baños antes de reencontrarse con su cuñada en la vía pública.

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Minutos después arribó la camioneta de Pérez y Victoria Caillava.

La acusada Laudelina Peña, su cuñada y Victoria Caillava cruzaron el callejón frente a la escuela para continuar el rastreo.

La imputada regresó a la casa de su madre Catalina Peña, encendió las luces y revisó cada una de las habitaciones sin hallar rastros del niño.

En el patio de la vivienda se encontraban Catalina Peña y Pérez, quien afirmó que no podía ingresar al monte debido a dolores en sus piernas.

La acusada Laudelina Peña salió nuevamente con la hija pequeña de Camila a recorrer el terreno hasta un sector de pastizales y una alcantarilla, donde se reencontraron con el vecino Robledo, quien confirmó que recorrió todo el fondo del campo sin resultados.

Al aproximarse la noche, la imputada cruzó la tranquera con un efectivo policial, sus dos hijas y su sobrino Mariano.

En el camino a la finca, la acusada se cruzó con la madre de la niña que la acompañaba, quien esperaba el regreso de su hermano.

En la entrada de la casa de Catalina Peña, la procesada Laudelina Peña encontró al comisario conversando con Victoria Caillava y su cuñada.

El jefe policial frenó a la acusada en la portada y le notificó que no podía tomar ninguna denuncia por la desaparición hasta que transcurriera un plazo de 24 horas.

Al ingresar a la vivienda, el comisario entabló conversación con Catalina Peña, preguntándole de qué equipo de fútbol era hincha y manifestando que era devoto del mismo santo.

El funcionario policial llevaba un cuaderno en la mano que nunca abrió ni utilizó para tomar anotaciones.

El comisario le preguntó a José qué había ocurrido con el niño, a lo que el hermano de la acusada respondió: “por ahí no más está, ya va a aparecer”.

El jefe policial anunció que se retiraba a buscar más personal para el operativo de búsqueda.

En ese instante ingresó su sobrino Cristian con otro joven portando un grupo electrógeno de grandes dimensiones, manifestando que lo enviaba su patrón por si se cortaba el suministro eléctrico.

La acusada Laudelina Peña se dirigió a la cocina a beber agua y al salir se encontró con un comisario procedente de la ciudad de Goya y dos personal femenino de la policía.

El jefe policial de Goya solicitó la guía de una persona que conociera el naranjal.

Su hijo menor y su hija Macarena acompañaron al personal policial provistos de linternas para indicarles el lugar de los hechos.

Posteriormente, la cuñada de la acusada se retiró a buscar a su hija en un vehículo particular.

La imputada Laudelina Peña le solicitó a su hija que le conectara internet para pedir una recarga de crédito telefónico.

Tras recibir una llamada de un hombre llamado Diego, la acusada volvió al galpón con su madre Catalina Peña y la señora Victoria Caillava.

Minutos después arribó Antonio Benítez, quien le entregó a la acusada dos linternas y un cuchillo, notificándole que se trasladaba con la policía a prestar declaración.

Pasadas las 8:00 de la noche, Victoria Caillava y la acusada Laudelina Peña salieron de la vivienda a buscar a la madre de Loan.

En las inmediaciones de la camioneta de Pérez se encontraba la madre del menor junto a su hermana.

La madre del niño se quebró en llanto manifestando: “alguien se lo llevó, con alguien está”.

La acusada Laudelina Peña le facilitó una silla y un bidón de agua de 5 litros a su cuñada.

En la entrada de la finca, la imputada observó a su sobrino Mariano sentado sobre la raíz de un árbol, llorando desconsoladamente.

El joven Mariano se tomaba la cabeza y repetía ante la acusada: “¿y cómo le calmo a esta?, ¿y qué le digo?, ¿cómo le explico?”.

El joven agregó entre lágrimas: “mañana le van a devolver, mañana lo vamos a encontrar”.

Posteriormente, el sobrino de la imputada manifestó estar agotado y se dirigió a su habitación.

La acusada Laudelina Peña le preparó mates y le alcanzó dos cubrecamas a su cuñada para protegerla del intenso frío de la noche.

Cerca de la medianoche, el comisario se presentó en la propiedad y le solicitó a la imputada Laudelina Peña que lo acompañara a la sede policial para tomarle declaración formal.

Fuente: NGFEDERAL

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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