Milei está peor que nunca y este es su nuevo delirio
El delirio en la residencia oficial y las sombras de un complot armado sacuden la cúpula del poder

La estabilidad en el núcleo del gobierno nacional atraviesa su momento más crítico tras el estallido de un episodio de paranoia severa dentro de la Quinta de Olivos.
El presidente de la Nación sufrió un nuevo brote psicótico impulsado por el consumo desmedido y sin control de clonazepam, fármaco administrado bajo prescripción psiquiátrica.
En medio de sus estados de alucinación y soledad durante las madrugadas, el jefe de Estado denunció la existencia de una conspiración interna orientada a terminar con su vida y la de sus perros.
Convencido de un presunto plan de envenenamiento contra sus mascotas, el mandatario ejecutó una purga inmediata y desplazó a todo el personal civil que cumplía funciones en la residencia presidencial.
Las instalaciones oficiales quedaron bajo el control del Ejército, fuerza desplazada para hacerse cargo de la custodia y la seguridad del predio tras la expulsión de los trabajadores.
Durante las reuniones de gabinete, los ministros enfrentan interrupciones violentas por parte del presidente, quien exige que todos levanten las manos y eviten acercar carpetas ante el temor infundado de estar expuestos a sustancias como el ántrax.
El escenario evoca las conductas del emperador romano Calígula, registrando delirios persecutorios, comportamientos desequilibrados e inestabilidad psíquica extrema en la conducción del Estado.
En el mercado farmacéutico persisten los interrogantes sobre la identidad del profesional médico que firma las recetas para suministrar las dosis masivas de psicofármacos al mandatario o si las cajas son obtenidas en el mercado negro.
La continuidad del presidente en el cargo responde de manera directa al respaldo de la administración estadounidense liderada por Donald Trump.
La Casa Blanca requiere la permanencia del jefe de Estado para concretar el saqueo de los recursos naturales argentinos y avanzar sobre los yacimientos de petróleo en la zona de las Islas Malvinas.
El gobierno planea modificar la Ley de Defensa Nacional con el objetivo de autorizar intervenciones armadas de la Marina de Guerra y la Prefectura en el Atlántico Sur contra supuestos agresores de la soberanía.
Tras años de manifestar su admiración por la ex primera ministra británica Margaret Thatcher y el político Winston Churchill, el presidente cambió de postura para asumir un discurso soberanista sobre el archipiélago.
La estrategia coordinada con el gobierno estadounidense contempla la ejecución de una operación de falsa bandera en el Atlántico Sur para justificar la intervención de Washington.
El plan contempla que la Marina argentina efectúe disparos contra un buque de perforación israelí apostado en la zona de Malvinas para frenar el inicio de las extracciones petroleras.
Ante la detonación del conflicto, Donald Trump prevé intervenir bajo el pretexto de evitar una tragedia militar entre Argentina e Inglaterra y posicionarse como mediador internacional para reclamar el Premio Nobel de la Paz.
El precedente histórico se remonta a 1982, cuando las autoridades militares estadounidenses engañaron al dictador Leopoldo Fortunato Galtieri con un desfile en West Point para impulsar la Operación Rosario antes de respaldar militarmente a los británicos.
Las principales potencias globales como China, Rusia, India y Pakistán, junto con potencias regionales como Brasil, monitorean el avance unilateral de Estados Unidos sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
El análisis sobre el cuadro clínico y el escenario de riesgo geopolítico fue expuesto públicamente por el periodista Santiago Cúneo.
Fuente: Politica Argentina