Lo de Malvinas es una gran mentira de Milei
Un oscuro entramado de intereses geopolíticos y concesiones territoriales sacude los cimientos de la soberanía en el Atlántico Sur.

En una maniobra que desmantela el discurso oficial sobre la causa Malvinas, Santiago Cúneo expuso públicamente la verdad detrás de las recientes determinaciones del gobierno de Javier Milei.
Lejos de representar un acto autogrófico de patriotismo, los anuncios revelan una absoluta subordinación a los dictámenes emanados desde la embajada de Estados Unidos.
El plan trazado desde Washington incluye la construcción de una base naval en Tierra del Fuego financiada íntegramente con los impuestos de los ciudadanos argentinos.
Esta infraestructura no responderá a las necesidades operativas de las Fuerzas Armadas locales, sino que servirá como enclave estratégico para que Estados Unidos patrulle y controle el Atlántico Sur y la proyección antártica.
La Marina Argentina carece actualmente de submarinos operativos tras el trágico hundimiento del ARA San Juan, en el cual colaboraron fuerzas británicas y chilenas bajo la gestión de Mauricio Macri.
Con un equipamiento reducido a cuatro fragatas y embarcaciones menores, la creación de este punto estratégico naval responde únicamente al resguardo de los intereses norteamericanos.
La redacción del texto pronunciado por Javier Milei fue confeccionada de forma directa en la representación diplomática de Estados Unidos y revisada por Luis Caputo para ajustar la complejidad del contenido antes de su lectura pública.
Toda la puesta en escena y la simbología utilizada buscaron disfrazar de fervor patrio una operación de entrega territorial y económica a favor del expresidente Donald Trump.
Las sanciones petroleras que la administración nacional prometió promover contra empresas internacionales que explotan recursos en las Islas Malvinas bajo autorización británica responden a un mandato directo de Washington.
El objetivo real de estas medidas no es ejercer la soberanía nacional, sino expulsar a competidores para adjudicar posteriormente esas áreas de extracción hidrocarburífera a corporaciones estadounidenses.
La maniobra jurídica aprovecha la legitimación activa de la República Argentina sobre los territorios ocupados para que el país accione en tribunales internacionales sin que Estados Unidos asuma los costos políticos o diplomáticos directos.
Las disputas por los recursos energéticos se trasladarán a foros donde Estados Unidos ejerce una influencia determinante, incluyendo el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Para viabilizar este esquema militar y estratégico en la región, el país continúa adquiriendo material obsoleto, como la compra de 24 aviones F-16 descartados que pertenecían al desierto de Arizona.
Este armamento, regalado previamente por Estados Unidos a Dinamarca y revendido a la Argentina por 400 millones de dólares, resulta ineficaz para las exigencias de la defensa moderna.
Mientras tanto, Chile cuenta con sistemas F-35 de última generación y mantiene la autorización para que sus aeronaves sobrevuelen el espacio aéreo argentino hacia las Islas Malvinas, prestando asistencia logística a la presencia británica.
De esta manera se consolida el denominado Triángulo del Cono Sur, otorgando a Estados Unidos el monopolio militar y la hegemonía absoluta sobre el Atlántico Sur, el Pacífico Sur y el acceso al continente blanco.
El financiamiento de la base en Tierra del Fuego requerirá el desvío sistemático de fondos públicos destinados a áreas sensibles del Estado nacional.
Los recursos económicos que deberían asignarse al Hospital Garrahan, las universidades públicas, las jubilaciones, la infraestructura hospitalaria, la industria y los créditos hipotecarios serán redirigidos a la edificación de la instalación militar extranjera.
Toda la proyección estratégica fue detallada por la comandante del Comando Sur de los Estados Unidos durante su visita oficial a Tierra del Fuego junto a Javier Milei, donde se inspeccionaron los terrenos y se entregaron los planos con los requerimientos específicos.
El decreto firmado por el Poder Ejecutivo formaliza el inicio de las obras para garantizar el uso de las instalaciones a las fuerzas armadas norteamericanas bajo la apariencia de una obra nacional.
El cambio de postura de Javier Milei contrasta severamente con sus declaraciones previas, en las cuales manifestó abiertamente su admiración por Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Winston Churchill.
El propio Javier Milei ha sostenido en reiteradas oportunidades que las Islas Malvinas son británicas y que la resolución del conflicto bélico consagró la victoria del Reino Unido.
La adopción temporal de un discurso nacionalista responde exclusivamente a las instrucciones impartidas desde el exterior para justificar la cesión de soberanía.
A la par de la entrega logística en el sur, se mantiene una política exterior alienada con la intervención histórica de los servicios de inteligencia norteamericanos en la región.
El aval a figuras políticas vinculadas a regímenes dictatoriales del pasado confirma la continuidad de una línea geopolítica basada en el sometimiento a los intereses imperiales.
La estrategia desplegada consolida una pérdida irreversible de control sobre las plataformas marítimas, los recursos petroleros y la posición geopolítica estratégica de la Nación.
Fuente: Politica Argentina