¡POLÍTICOS, PARAS Y GUERRILLEROS EN LA MISMA RUMBA! Secretos de La Piscina REVELADOS por su FUNDADOR

La pesadilla oculta detrás de la piscina que estremeció a Bogotá

Video thumbnail

El empresario Omar Guzmán reveló la trama secreta, los excesos y la violencia que transformaron un antiguo hotel de Bogotá en el centro de prostitución más grande de Colombia.

Todo comenzó en el año 1992 cuando Omar Guzmán venía de trabajar en la famosa discoteca Tiendas Aguapanelas junto a Pedro Flechas.

En esa época Omar Guzmán conoció al dueño del hotel Mediterráneo, ubicado en la calle 22 con avenida Caracas en la localidad de Santa Fe, quien atravesaba pérdidas económicas en su negocio.

Inspirado en una idea que observó en Santo Domingo, República Dominicana, Omar Guzmán le propuso transformar el hotel en un espacio de entretenimiento con mujeres, conciertos de música popular, mariachis, conjuntos vallenatos, orquestas de salsa, revistas internacionales y luces.

Un año después abrieron el establecimiento bajo el nombre inicial de Casablanca, el cual apenas duró cuatro meses antes de que los propios clientes lo rebautizaran formalmente.

https://images.openai.com/static-rsc-4/oAvrFU7L1S-uWat4CJZ-OUyjLyT0jip3aThhzIs6HuJKjNRfCnoAn8R166cfEgBb8oLH7aw1knTrJKu77uxrKlfRDHCQf5UKbPgHwqhhT3C6aftXVJDPtbOELJ61LXVwAjsTKQ8Zukkc1ET6SnUpijW-vdWC3yfayf5vbIOa2fGYYDkKHNp0-EDXjX1uZkBs?purpose=fullsize

El edificio contaba con una piscina climatizada en sus instalaciones, un atractivo inusual en la zona de Santa Fe que llevó a los asistentes a decir habitualmente “nos vemos en la piscina”.

Ante la costumbre de los visitantes, los fundadores cambiaron la denominación oficial a centro acuático de entretenimiento La Piscina.

La sociedad original se conformó mediante el alquiler del hotel Mediterráneo a través de cuatro socios principales.

El grupo fundador estuvo integrado por Omar Guzmán, su socio Ariel, el dueño del inmueble conocido como El Jefe y un empresario del sector de las gemas identificado como El Esmeraldero.

El socio esmeraldero mantenía vínculos de amistad y aprecio con Víctor Carranza, el reconocido zar de las esmeraldas en Colombia, tras conocerse en la zona de Las Pavas en Muso.

https://images.openai.com/static-rsc-4/7Kl2CkDjrlEuKP5BwUa1pafVyzKxBp3CH_lUT0t08ZBB-3OIljXsig8xCJoz0Xa86h6rAU3NA7nVpOtYtxmA2CvjjUJlqKO5BXUdmk78hCi2fLIwjxj4Pp6RIwRMBzk3Udz7Ahe2YqU_tKdBIeih4NtbMQwjb2MUkn0iXFZmRU0OkQVkEORfrsN5XlSrSxuu?purpose=fullsize

El establecimiento operaba con un equipo de seguridad compuesto por 80 personas en el área interna y externa, además de una nómina de 60 a 80 empleados entre meseros, cajeros, bartenders, camareras y DJs.

Las normas de ingreso exigían que los clientes llegaran en completo estado de sobriedad y prohibían la entrada de personas mal arregladas o licores de contrabando.

Las armas de fuego debían permanecer guardadas obligatoriamente dentro de los vehículos de los visitantes, respondiendo la seguridad interna por la integridad de los asistentes dentro del recinto.

Los viernes y sábados el negocio registraba un promedio de 300 a 350 mujeres trabajando en sus instalaciones.

Unas 100 a 120 mujeres permanecían hospedadas directamente en el hotel con alojamiento y alimentación incluidos, mientras que las trabajadoras externas recibían carnés para ingresar a prestar sus servicios.

El único requisito para trabajar en el lugar era ser mayor de edad y cumplir con estándares de belleza.

En el lugar trabajaban estudiantes universitarias, jóvenes con estudios primarios o bachillerato y mujeres procedentes de países como Venezuela, Panamá, Ecuador y Brasil.

https://images.openai.com/static-rsc-4/m2McK3wygo22nFDVefV-0WPRTgpuUBfyXlkwWSF0UTfnd50ilEP8FRf2mvepnVPPFzj-hBBdKoX5jx6LVbqTc_tVhqfXQWKyllrtTaoVR-8Erk7datZUJTjtcBD__igd1Tpoh4bcfONkeeLszkYbiRdv2WHwDTCk_8IUvms6fowFs9lbrBqyGxmZ66LnYr12?purpose=fullsize

Las colombianas más solicitadas por la clientela provenían de la región paisa y de la zona cafetera.

Varias figuras de la televisión que comenzaban sus carreras, presentadoras, actrices no tan famosas en ese momento y modelos reconocidas de portadas de revistas o publicidad trabajaron temporalmente en el sitio por periodos de tres a seis meses.

Hace 25 años las tarifas de salida de las modelos o actrices con clientes adinerados oscilaban entre 300.000 y 500.000 pesos colombianos por servicios fuera del establecimiento, lo que equivale a entre 2 y 3 millones de pesos actuales.

La clientela de La Piscina reunía a diversos sectores del poder económico, político e ilegal del país.

Al lugar asistían esmeralderos, empresarios, ganaderos, pintores, ladrones de alto impacto, narcotraficantes, boxeadores, futbolistas y figuras del espectáculo.

Durante los eventos de Corferias el recinto permanecía repleto durante 15 o 20 días consecutivos con la asistencia de visitantes internacionales custodiados por esquemas policiales.

Líderes de las autodefensas como Carlos Castaño y jefes guerrilleros como Tirofijo ingresaron al establecimiento para asistir a las fiestas.

Integrantes de la guerrilla y de los paramilitares coincidían en el mismo espacio sin enfrentamientos ideológicos ni altercados, saludándose entre gremios durante sus estadías.

Un influyente político y senador de la República, quien era cliente habitual del establecimiento, se encontró de manera imprevista en el ascensor con una exnovia con la que había terminado diez años atrás, descubriendo que ella trabajaba en el lugar.

La reunión entre el político y la mujer terminó en una extensa conversación entre lágrimas que se prolongó hasta la madrugada mientras consumían whisky junto a Omar Guzmán.

En una ocasión un hombre de alto poder económico permanecía sentado junto a la piscina cuando atacantes rompieron un vidrio desde el exterior y dispararon una ráfaga de metralleta con 12 tiros.

Uno de los proyectiles impactó en la pierna del cliente, quien se arrojó de inmediato al agua para salvar su vida mientras los agresores huían en motocicletas.

El episodio violento dio origen al título del libro “La piscina. Fuego en la noche”, escrito por Omar Guzmán.

El cliente herido retornó al establecimiento ocho días después del atentado para sentarse en el mismo lugar de la agresión.

La actividad del establecimiento afectó la vida personal de Omar Guzmán, cuyo matrimonio finalizó debido a la negativa de su esposa de aceptar su participación en la industria del entretenimiento nocturno para adultos.

La estructura del negocio comenzó a deteriorarse por la corrupción entre administradores y meseros, quienes permitieron el ingreso de distribuidores de droga al interior de las instalaciones.

Ante el incremento del microtráfico operado por bandas criminales y el riesgo para su integridad física y su nombre, Omar Guzmán decidió retirarse de la sociedad tras cuatro años de gestión.

Las autoridades y los medios de comunicación identificaron posteriormente a La Piscina como uno de los centros de distribución de narcotráfico más influyentes de la ciudad.

El fundador no regresó al lugar durante 18 años y desconoció la identidad de los compradores que asumieron el control del negocio.

Posteriormente Omar Guzmán participó como socio y creador del club nocturno El Castillo en el barrio Santa Fe, proyecto del que también se retiró con el tiempo.

El libro “La piscina. Fuego en la noche” será llevado a las pantallas a través de una película y una serie de 60 a 90 capítulos, habiendo mostrado interés cadenas como RCN, Netflix y la productora Oveja Negra.

En febrero del próximo año Omar Guzmán lanzará formalmente su segundo libro titulado “Secretos en El Castillo Night Club”.

Fuente:

La Red Viral
Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Recommended for You

View Archive arrow_forward